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“Volver a ser amigos”

Suena la alarma, te levantás a la mañana y automáticamente comenzás tu rutina. Entrás al baño, te enjuagás la cara, te lavás los dientes y abrís la ducha. Mientras tanto te desvestís y esperás a que el agua esté calentita. Salís de bañarte te cambiás, te mirás un poco al espejo, te arreglás y corrés a prepararte un café y unas tostadas. Desayunás rápido para que no se te haga tarde y salís a trabajar.

Caminás a la parada del colectivo o te subís al auto y emprendés el primer viaje del día.

Así comienza por lo general el día la mayoría de la gente que tiene trabajo, así comienzan los días de sus vidas y de la mía. Comienza la rutina diaria, de casa al trabajo y del trabajo a casa. Y con suerte sumamos alguna actividad en el medio.

Estamos inmersos en una forma de vivir de la cual nos es difícil concebir que podría ser diferente. Que los días de nuestra vida podrían ser diferentes. Lo definimos como utópico o imposible. No nos detenemos ni un segundo a pensar si podríamos o no vivir de otra manera y hasta incluso si queremos cambiar esta forma de vida que nos fue impuesta, que nos dijeron que era así y que así es como debemos vivir.

Nos sumergimos en la rutina y nos ponemos la camiseta de la empresa en la que trabajamos, más la de un equipo de fútbol, más la de un partido político y hasta incluso la de una religión. Y así nos vamos de a poco dividiendo y nos volvemos instrumentos y medios de comunicación de ideas y pensamientos de otros, de negocios de otros y no nos detenemos jamás y así cada vez estamos más lejos y las diferencias son cada vez mayores. Y si nos detenemos y dejamos de hacer lo que venimos haciendo, que consideramos y es considerado “normal”, nos desesperamos porque nos corre el tiempo y no sabemos cómo movernos de otra manera.

Si tenemos trabajo nunca estamos conformes del todo con él, si no tenemos nos estresamos y desesperamos por conseguir uno. Lo mismo con todo, con nuestras relaciones, con nuestro país, y con todo lo que pasa y nos pasa… vivimos inconformes y quejosos. Entonces, ¿A que le terminamos atribuyendo nuestro estado de ánimo? ¿Qué nos da placer o sufrimiento? ¿Que nos estresa tanto o que nos hace “felices”? ¿Qué miedos encontramos si nos detenemos a reflexionar un poco? ¿Qué tipo de vida llevamos? ¿A qué y a quién le dedicamos nuestro tiempo? ¿Nos gusta lo que hacemos o lo hacemos sólo porque no conocemos otras alternativas? ¿Nos animamos a probar cosas nuevas? ¿Tenemos algo que nos haya hecho mal en el pasado y no esté resuelto? ¿Estamos enojados con alguien? ¿Hacemos feliz a alguien? Y entonces, ¿Para qué estamos acá? ¿A qué vinimos a este mundo? ¿Nos tomamos el tiempo suficiente para hacernos este tipo de preguntas? O simplemente nos bajamos del colectivo o del auto del viaje de vuelta y estamos tan cansados por el día que tuvimos que simplemente llegamos, prendemos la compu o la tele, mientras esperamos a que se haga la hora de la cena para después irnos a dormir. Una vez mi tia me dijo: “sos demasiado chica para hacerte estas preguntas existenciales” y yo en su momento no supe qué responderle. Hoy le respondería “Y vos sos demasiado grande para nunca habertelas hecho”. Así que los invito a que nos hagamos este tipo de preguntas más seguido.

¿Por qué no nos permitimos descubrir y expresar que necesitamos cambios? Que el mundo nos refleja que las cosas no están bien, que necesitamos empezar por casa, en el trabajo, en la familia. Si no cambiamos no avanzamos, si no buscamos no descubrimos lo nuevo, si nos estancamos en la comodidad nos roban de a poco nuestros sueños, se adueñan de ellos y nos hacen ser parte de sueños que no nos pertenecen, que no pensamos ni creamos nosotros mismos. Y cuánto antes podamos soñar despiertos, menores son las posibilidades de que esto suceda.

Soñemos, imaginemos, volvamos a ser esos niños que querían “ser bomberos, astronautas, superhéroes”, recuperemos esa inocencia que le entregamos a otros por miedo a ser tildados de “tontos o inmaduros”.

El mundo necesita soñadores con esperanza, con fe, con confianza en que se puede vivir de otra forma. No sabemos cuál, pero esta no es… un mundo con guerras, con conflictos constantes, con odio, con competencia, con resentimiento… Y digo mundo porque no hablo sólo por lo que pasa en mi país…

Necesitamos “volver a ser amigos” los unos con los otros, más allá de los ideales políticos y de las religiones, volvamos a ser amigos, a abrir nuestros corazones y a perdonarnos tanto enojo y tanta apatía. Volvamos a creer en nosotros y en los demás. Porque si yo me animo en este momento a hacerlo, vos también podés!

F. M.

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La invitación – Oriah Mountain Dreamer

“No me interesa saber a qué te dedicas.
Quiero saber qué es lo que añoras y si te atreves a soñar o alcanzar lo que tu corazón ansía.
No me interesa saber qué edad tienes.
Quiero saber si te arriesgarás a parecer un loco por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo.
No me interesa saber qué planetas están cuadrando tu luna.
Quiero saber si has tocado el centro de tu propia pena, si has estado abierto a las traiciones de la vida, o te has marchitado y cerrado por miedo a más dolor.
Quiero saber si te puedes sentar con dolor, tuyo o mío, sin moverte para esconderlo, diluirlo o arreglarlo.
Quiero saber si puedes estar con alegría, tuya o mía, y si puedes danzar libremente y dejar que el éxtasis te llene hasta las puntas de los dedos de tus manos y de los pies, sin advertirnos de ser cuidadosos, ser realistas o recordar las limitaciones de ser humano.
No me interesa si la historia que me estás contando es verdad.
Quiero saber si puedes desilusionar a otros por ser sincero contigo mismo, si puedes resistir la acusación de traición y no traicionar a tu propia alma.
Quiero saber si puedes ser fiel y por lo tanto confiable.
Quiero saber si puedes ver belleza hasta en los días feos, y si puedes nutrir tu vida desde la presencia de Dios.
Quiero saber si puedes vivir con fallos, tuyos y míos, y ponerte a gritar a la luna llena plateada en la orilla del lago.
No me interesa saber dónde vives, ni cuánto dinero tienes.
Quiero saber si puedes tenerte en pie después de una noche de pena y desesperación, débil y amoratado hasta los huesos, y hacer lo que necesita estar hecho para los niños.
No me interesa saber quién eres, ni porqué estás aquí.
Quiero saber si te puedes parar en el centro del fuego conmigo sin encogerte.
No me interesa dónde, qué o con quién has estudiado.
Quiero saber si te sostienes desde adentro cuando todo se cae a tu alrededor.
Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo y si verdaderamente disfrutas la compañía que mantienes en tus momentos de soledad”.

Agradecer: el puente hacia el Amor

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Hoy no es un día más. Hoy es un día especial, porque es único e irrepetible, porque nos levantamos, respiramos y estamos vivos, porque seguro que estuvo lleno de situaciones y de personas que nos brindaron la oportunidad de aprender. Y como hoy no es un día más, agradezcamos la posibilidad de haber podido vivirlo, aunque haya sido un día lleno de cosas simples o lleno de cosas complejas. Agradezcamos juntos el privilegiado lugar en el mundo que tenemos y que nos permite percibir la necesidad de agradecer para abrir el corazón y sentir Amor, para valorar a todo y a todos los que nos rodean.

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¡Sólo importa cuánto amamos!

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Vivimos en un mundo lleno de estímulos y de distracciones, en las cuales nos perdemos y entregamos al placer y al entretenimiento que nos generan: Fútbol, moda, tv, chimentos, juegos, redes sociales, etc… Vivimos en un mundo rodeados de seres que conocemos superficialmente pero poco en profundidad. Vivimos en un mundo en el que la mayoría de las veces necesitamos que nos pase algo fuerte y conmovedor para poder tocar fondo y hacernos preguntas internas e intensas, como por ejemplo ¿quién soy? ¿por qué me pasa esto a mi? ¿qué es lo que estoy haciendo en este planeta? ¿qué es todo lo que me rodea? ¿para qué estamos vivos?

Muchas veces este tipo de preguntas por ser tildadas de preguntas “existenciales” o “filosóficas”, hacen que no enfoquemos y no nos animemos a indagar en esos terrenos por parecer “locos” o “raros”, entonces nos entregamos a la vida y al sistema que impera en nuestra cultura: del trabajo a casa y de casa al trabajo, los fines de semana salida con amigos, alcohol, música y descontrol, en el caso de nosotros, los jóvenes y de los no tan jóvenes también o esperamos toda la semana el sábado y el domingo para descansar de lo agotados que estamos…

Es así como van pasando los años y la vida, es así como vamos avanzando con propósitos superficiales, acumulando objetos materiales, acumulando mucho disfrute y distracciones… Y nada de todo esto podemos llevárnoslo arriba. Al fin y al cabo lo único que importa es cuánto amamos a los demás, cuánto nos animamos a ayudar a los demás y a ayudarnos a nosotros mismos, cuán felices fuimos y cuánto trabajamos por hacer felices a los demás. No esperemos a ser ancianos y por sentir la cercanía a la muerte empezar a reflexionar éstas cuestiones. Vivamos la vida y todos sus días como si fuesen los últimos. Digamos todos los “te quiero” necesarios, hagamosle saber a todos los que amamos que esto es así, abramos nuestro corazón a las dificultades que vienen a cambiarnos la vida, valoremos todo y a todos, riámonos mas, aprendamos cada minuto que pasa, perdonemos a quien haga falta y entreguémonos a algo superior: dejemos nuestro ego de lado que siempre interfiere para poder abrir nuestra mente y nuestro corazón a ser mejores personas y construir un futuro mejor y lo más importante: contagiemos esas ganas y ese amor al mundo!!!

F.M.

La inteligencia intuitiva del corazón – The Heart’s Intuitive Intelligence (subtitulado al español)

“Cada pensamiento en la mente humana envía una onda electro-magnética desde la base del corazón que tiene un efecto medible sobre el mundo que vivimos”. Trabajar en los pensamientos, meditando, rezando, orando, reflexionando… Todo sirve, desde toda religión o creencia, para crear PAZ y generar un CAMBIO. El poder del corazón conectado con la mente humana es infinito!