Archivos Mensuales: noviembre 2015

“Volver a ser amigos”

Suena la alarma, te levantás a la mañana y automáticamente comenzás tu rutina. Entrás al baño, te enjuagás la cara, te lavás los dientes y abrís la ducha. Mientras tanto te desvestís y esperás a que el agua esté calentita. Salís de bañarte te cambiás, te mirás un poco al espejo, te arreglás y corrés a prepararte un café y unas tostadas. Desayunás rápido para que no se te haga tarde y salís a trabajar.

Caminás a la parada del colectivo o te subís al auto y emprendés el primer viaje del día.

Así comienza por lo general el día la mayoría de la gente que tiene trabajo, así comienzan los días de sus vidas y de la mía. Comienza la rutina diaria, de casa al trabajo y del trabajo a casa. Y con suerte sumamos alguna actividad en el medio.

Estamos inmersos en una forma de vivir de la cual nos es difícil concebir que podría ser diferente. Que los días de nuestra vida podrían ser diferentes. Lo definimos como utópico o imposible. No nos detenemos ni un segundo a pensar si podríamos o no vivir de otra manera y hasta incluso si queremos cambiar esta forma de vida que nos fue impuesta, que nos dijeron que era así y que así es como debemos vivir.

Nos sumergimos en la rutina y nos ponemos la camiseta de la empresa en la que trabajamos, más la de un equipo de fútbol, más la de un partido político y hasta incluso la de una religión. Y así nos vamos de a poco dividiendo y nos volvemos instrumentos y medios de comunicación de ideas y pensamientos de otros, de negocios de otros y no nos detenemos jamás y así cada vez estamos más lejos y las diferencias son cada vez mayores. Y si nos detenemos y dejamos de hacer lo que venimos haciendo, que consideramos y es considerado “normal”, nos desesperamos porque nos corre el tiempo y no sabemos cómo movernos de otra manera.

Si tenemos trabajo nunca estamos conformes del todo con él, si no tenemos nos estresamos y desesperamos por conseguir uno. Lo mismo con todo, con nuestras relaciones, con nuestro país, y con todo lo que pasa y nos pasa… vivimos inconformes y quejosos. Entonces, ¿A que le terminamos atribuyendo nuestro estado de ánimo? ¿Qué nos da placer o sufrimiento? ¿Que nos estresa tanto o que nos hace “felices”? ¿Qué miedos encontramos si nos detenemos a reflexionar un poco? ¿Qué tipo de vida llevamos? ¿A qué y a quién le dedicamos nuestro tiempo? ¿Nos gusta lo que hacemos o lo hacemos sólo porque no conocemos otras alternativas? ¿Nos animamos a probar cosas nuevas? ¿Tenemos algo que nos haya hecho mal en el pasado y no esté resuelto? ¿Estamos enojados con alguien? ¿Hacemos feliz a alguien? Y entonces, ¿Para qué estamos acá? ¿A qué vinimos a este mundo? ¿Nos tomamos el tiempo suficiente para hacernos este tipo de preguntas? O simplemente nos bajamos del colectivo o del auto del viaje de vuelta y estamos tan cansados por el día que tuvimos que simplemente llegamos, prendemos la compu o la tele, mientras esperamos a que se haga la hora de la cena para después irnos a dormir. Una vez mi tia me dijo: “sos demasiado chica para hacerte estas preguntas existenciales” y yo en su momento no supe qué responderle. Hoy le respondería “Y vos sos demasiado grande para nunca habertelas hecho”. Así que los invito a que nos hagamos este tipo de preguntas más seguido.

¿Por qué no nos permitimos descubrir y expresar que necesitamos cambios? Que el mundo nos refleja que las cosas no están bien, que necesitamos empezar por casa, en el trabajo, en la familia. Si no cambiamos no avanzamos, si no buscamos no descubrimos lo nuevo, si nos estancamos en la comodidad nos roban de a poco nuestros sueños, se adueñan de ellos y nos hacen ser parte de sueños que no nos pertenecen, que no pensamos ni creamos nosotros mismos. Y cuánto antes podamos soñar despiertos, menores son las posibilidades de que esto suceda.

Soñemos, imaginemos, volvamos a ser esos niños que querían “ser bomberos, astronautas, superhéroes”, recuperemos esa inocencia que le entregamos a otros por miedo a ser tildados de “tontos o inmaduros”.

El mundo necesita soñadores con esperanza, con fe, con confianza en que se puede vivir de otra forma. No sabemos cuál, pero esta no es… un mundo con guerras, con conflictos constantes, con odio, con competencia, con resentimiento… Y digo mundo porque no hablo sólo por lo que pasa en mi país…

Necesitamos “volver a ser amigos” los unos con los otros, más allá de los ideales políticos y de las religiones, volvamos a ser amigos, a abrir nuestros corazones y a perdonarnos tanto enojo y tanta apatía. Volvamos a creer en nosotros y en los demás. Porque si yo me animo en este momento a hacerlo, vos también podés!

F. M.

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