Carta a la Humanidad

Escribí esta carta hace 3 años y medio, hoy la encontré y al leerla confirmo que la única manera de generar un cambio positivo en el mundo, es empezando por mi propia transformación y compartiendo mi experiencia con todo aquel que quiera, en este caso, leerla…

acuerdo

A toda la Humanidad:

Escribo esta carta porque estoy preocupada. Tengo 22 años y estoy preocupada por muchas cosas al mismo tiempo… Estoy preocupada porque experimenté y viví situaciones en mi adolescencia que hoy me hacen decir “basta” y escribir esta carta. Decidí cambiar y compartir y expresar lo que siento.

Estoy preocupada por la falta de amor que veo y escucho día a día en todos los ámbitos y edades: en la calle, en mi casa, en lo que me cuenta mi primita del colegio, en la universidad, en fin, en todos lados. Estoy preocupada por la falta de respeto, por la falta de valores y por el culto a la individualización y al ego que aumenta segundo a segundo. Estoy preocupada por la falta de visión de futuro, por las catástrofes naturales diarias en distintas partes del mundo, por las guerras y por cómo estamos viviendo nuestra vida: sin observarnos y sin observar lo que nos rodea; sin cuestionar lo que culturalmente nos imponen, sin cuestionar nuestros trabajos, sin cuestionar si somos o no las mejores personas que podríamos ser y si lo que estamos haciendo contribuye o no a la sociedad o sólo a nosotros mismos…

Y sigo preocupada, porque no puedo ignorar este momento que estamos viviendo. No puedo hacer de cuenta que no pasa nada. No puedo levantarme de la cama sin pensar qué podría hacer desde mi humilde lugar para mejorar las condiciones en las que vivimos todos. Escribir esta carta es recién el comienzo. A veces sueño pequeño y a veces sueño a lo grande. Sueño con poder cambiar el mundo y vivir en paz. Sueño con un mundo sin diferencias, sin violencia, sin dinero, sin pobreza, sin gobiernos plurales, sin límites geográficos y sin límites culturales y mentales. Sueño con un mundo en el que todos elevamos nuestra condición de ser humano a ser “algo más”. Como una vez me enseñó un libro, sé que no debería estar pre-ocupada sino ocupada, ocupada en ser mejor persona, en aprender de mis errores en todo momento y dar el ejemplo las 24 horas del día, los 365 días del año. Pero tengo la necesidad de estar ocupada en eso y a la vez preocupada por el futuro, “pre- ocupándome” por construir un futuro mejor para las futuras generaciones.

No puedo evitar que las situaciones actuales no me afecten y no instalen nuevos cuestionamientos en mi mente. Nuevos cuestionamientos, nuevas preguntas y nuevas ganas de crear un nuevo mundo. Un mundo libre de estas preocupaciones que nombre anteriormente. No podemos ser indiferentes e ignorar todo lo que está pasando y escribo guiándome por lo que mis ojos ven y mi corazón siente. Soy sólo una persona más de las miles que debe haber que busca una manera de vivir mejor, sin miedos, sin inseguridades, sin violencia, sin pobreza y sin sufrimiento. Una persona más que busca vivir en un mundo con más Amor.

Veo la inocencia en un bebé o en los niños y eso me inspira, me da esperanza. Ver cómo son capaces de jugar y de imaginar, de reír, de sorprenderse al aprender algo nuevo. No podemos fallarles, no podemos permitir que su futuro sea nuestro presente o peor. No nos damos cuenta pero así los días van pasando, acumulamos bienes materiales, títulos universitarios, salidas y mucha diversión pero a la vez acumulamos ignorancia, bronca, resentimiento y situaciones no resueltas. Esta cultura “light” no me va. No me llena el corazón, no me hace ser mejor persona, no me hace aprender en términos de amor y libertad. Quiero dejar de estar pendiente de si estoy gorda o flaca, linda o fea, inteligente o tonta, con título o sin título, con un buen trabajo o si estoy o no encaminada al éxito…

¿A nadie se le ocurre preguntarse por qué la mayoría de las parejas están separadas? ¿Por qué los hijos no tienen buenas relaciones con sus padres?¿Por qué los chicos detestan ir al colegio? ¿Por qué hay tanto libertinaje? ¿Por qué hay tantos robos y violencia? ¿Por qué hay tantas guerras? ¿Por qué hay tanto estrés y preocupaciones superficiales? ¿Por qué hay tantas inundaciones, terremotos, tsunamis y volcanes en erupción? Porque día a día corrompemos nuestra naturaleza. Nuestra naturaleza humana y espiritual y al estar desconectados de nuestra alma generamos todas esas consecuencias que sumándose hacen que el mundo esté así.  Porque perdemos nuestra sensibilidad día a día y nuestro corazón se va endureciendo a tal punto de que ni nos acordamos de que existe. No nos acordamos de ver el amanecer, de mirar las estrellas y la luna o de observar la perfección de una planta o un animal. Es nuestra responsabilidad asumir un rol más activo, internamente hablando, empezando por nosotros mismos, buscando en nuestro interior, aceptando los errores y modificando actitudes en base a ésto. Si todos nos proponemos vivir sin “mal humor”, sin “malos días”, sin pensamientos negativos y con una visión más sagrada y más positiva de la realidad todo podría empezar a ser muy diferente. Cuidando el agua, la luz y la comida. Tratando bien a las personas, siendo amables. Poniendo mayor atención a lo que consumimos materialmente y mentalmente. Poniendo mayor atención a nuestros pensamientos y a nuestro accionar. Agradeciendo todo lo que tenemos, sea mucho o poco y compartiéndolo. Compartiendo lo material y compartiendo nuestro amor con todos los seres que nos rodean, tengan el rol que tengan: amigos, familia o simples desconocidos.

Todos somos internamente iguales. Fuimos creados de la misma manera y vamos hacia un mismo lugar. Tomemos conciencia de que no podemos seguir viviendo así, nos estamos destruyendo y perdiendo la gran oportunidad de vivir plenos y de ser felices. Podemos cambiar el mundo si todos nos lo proponemos y si todos lo deseamos realmente. Podemos eliminar las guerras, el terrorismo y la violencia. Podemos eliminarlo porque nosotros lo inventamos. Podemos crear nuevas generaciones libres de toda contaminación al corazón y a la mente. Pero para que esto sea posible tenemos que empezar por nosotros mismos. Por permitirnos amar de verdad, perdonar si nos lastimaron en algún momento y ser libres, libres internamente, libres de verdad. Cambiemos nuestros hábitos: seamos más compasivos, transformemos los pensamientos negativos en positivos, conectémonos con el corazón, con el amor, no nos convirtamos en meros observadores de la realidad sin hacer nada en consecuencia.

Necesitamos un cambio no impuesto por situaciones externas, por catástrofes naturales, por leyes o por guerras. Necesitamos un cambio interno profundo que nos lleve a un mundo mejor. Todos formamos parte de este plan de cambio. Todos somos importantes y especiales. El creador, Diós, o el nombre que desees ponerle, nos dio la capacidad de pensar y de amar. No ignoremos nuestras capacidades y posibilidades. No tengamos miedos. Animémonos a cambiar el mundo. Animémonos a ser burlados, a ser calificados de “locos”, de “estúpidos”, de “soñadores utópicos”. Seamos valientes y afrontemos el cambio. No podemos seguir viendo esta realidad llena de violencia y falta de amor como algo normal y sin solución e ignorándola o siendo cómplices de las diferencias, las divisiones y la falta de respeto. No puede no afectarnos, no pueden atacar y batallar a nuestro corazón y a nuestra posibilidad infinita de crear la realidad que queremos vivir. Si nos lo proponemos, el poder que nuestra toma de conciencia ejerce es único e invencible. Animémonos a abrir nuestra mente y nuestro corazón, a no poner condiciones, a no especular, a no poseer y manejar a seres humanos como si fuesen objetos materiales. Animémonos a dar amor por el simple hecho de compartir y de multiplicar ese amor para que podamos generar EL GRAN CAMBIO.

Si empezamos por nuestro interior, por nuestra propia casa, que somos nosotros mismos, los resultados van a ser visibles a nuestros ojos. No esperemos a que en nuestro país haya una catástrofe para tomar conciencia, no esperemos a ser lastimados, a ser “tocados”. Nos importa demasiado el “qué dirán” y no el “qué sentirán”. Confiemos en que hay algo más, que no vemos pero que está ahí. Abramos nuestra cabeza y nuestro corazón. No estamos solos. No vivimos en este mundo por mera obra de la casualidad. Todo tiene un propósito. Confiemos en que esta etapa tiene un futuro mejor esperándonos y propongámonos dar lo mejor para colaborar y cooperar. Preocupémonos y ocupémonos de mejorar nuestras acciones y nuestros sentimientos. Ahí está la clave para que podamos vivir el cambio y ser partícipes. Necesitamos avanzar en niveles de amor y conciencia y no de ciencia y tecnología. Necesitamos ser más los que estén dispuestos a cambiar por dentro para cambiar luego el afuera. Necesitamos ser más para lograr un impacto tal que haga que no pueda ignorarse más la situación actual del planeta. Te invito a que seas ese “uno más”…

F.M.

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